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Marcos Sánchez, mercedario y director del Colegio Tirso de Molina de Venezuela, ha visitado esta semana a la Fundación. Ha sido una ocasión perfecta para conocer de primera mano la realidad que vive la comunidad en el país. No son tiempos nada fáciles, la Fundación ha visto privado su acceso a los centros penitenciarios por las autoridades del país, y no se nos permite atender ni realizar el acompañamiento que siempre hemos brindado a los reclusos privados de libertad.

La falta de alimentos, la escasez de medicamentos, la deficiencia de los más elementales recursos tales como agua potable, la inexistente clasificación de los detenidos –ni siquiera separados según su género– en medio de un hacinamiento estimado en más de 400 por ciento, convierten las cárceles y los centros de detención preventiva de Venezuela en versiones del infierno en la tierra. Y

A través de nuestra acción parroquial , y de proyectos educativos , intentamos hacer la vida un poco más fácil a unos ciudadanos que viven privados de libertad.

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