Adam: “Si no fuera por los mercedarios hubiera acabado preso el resto de mi vida, o muerto”.

El 6 de noviembre de 1975, catorce días antes de la muerte de Franco, el rey Hassan II de Marruecos inició la llamada “Marcha Verde” sobre el entonces Sáhara español.
350.000 ciudadanos marroquíes y 25.000 soldados realizaron una invasión en toda regla que aceleró la descolonización española (y recolonización marroquí) de este territorio de 266.000 kilómetros cuadrados, provocando la huida masiva de la población civil saharaui hacia la desértica región argelina de Tindouf, que aún ocupan hoy, 34 años más tarde, a la espera de que se solucione el conflicto.

El pueblo saharaui quedaba dividido entre aquellos que vivían dentro de los territorios ocupados por Marruecos y quienes lograron huir para establecerse en los campamentos de refugiados y en otros países como España.

Adam fue uno de esas personas que se vio obligada a escapar. “En la época de Franco, cuando murió Franco, los españoles trajeron del Sáhara a todos los niños que no tenían familia, padres o habían sido adoptados. Llegué a Canarias con 10 años. Al saber que no tenia nadie en Cuba me escapé, yo no quería irme tan lejos, y me quedé en España sólo, sin nadie”, recuerda.

Unas circunstancias que llevaron al pequeño Adam a buscarse la vida, a endurecerse, y a elegir caminos equivocados. “Me quedé en la calle y aprendí a vivir en la calle. Con 10 años, un niño sin familia, sin amor, sin techo, sin nadie que cuide de él es complicado. Toda esta situación, con el paso de los años, me llevo a delinquir y acabé en la cárcel. Fue en esa época de mi vida que conocí a los mercedarios”, apunta con una sonrisa.

Cambio de Rumbo

En su estancia en prisión hubo un encuentro que cambió su vida para siempre. En momentos oscuros, duros, sin salida y sin nadie a quien aferrarse, apareció esa mano, ese rayo de luz que alumbro hasta día de hoy su vida.

Adam remarca que “los mercedarios me dieron ese cariño y ese amor que necesitaba y buscaba realmente. Me sacaron de la cárcel, me dieron un techo en un piso de acogida, y con 51 años siguen manteniéndome, incluida a mi familia. Me casé, y tengo dos hijos y siguen ayudándome como una madre, como una familia de verdad. El amor que necesito me lo siguen dando”.

Vida mercedaria

Actualmente Adam colabora en nuestra comunidad de Valencia y el Puig. Con nuestro apoyo, ha salido adelante, y ha logrado formar una familia a quien les transmite cada día nuestros valores, los de La Merced. El saharaui se muestra siempre agradecido. “Actualmente estoy en Valencia, en el Puig, ayudando con la comida. Estoy incorporado en el equipo de la Iglesia, ayudando en todo lo que puedo, es un gran trabajo para mi. Gracias a ellos estoy vivo. Si no fuera por los mercedarios, hubiera acabado preso el resto de mi vida, o muerto”.

 

Adam es un claro ejemplo de lo que significa para nosotros la pastoral penitenciaria, nuestra forma de entender el mundo de la cárcel y sus procesos. Primero lo acompañamos en su estancia en prisión a través del acompañamiento, de la escucha, del apoyo psicológico. Y una vez en libertad, le hemos dado una segunda oportunidad, con paciencia, con nuestro piso de acogida, y con nuestra presencia a su lado a día de hoy.
“Si hablo de los mercedarios…no tengo palabras, me han dado la vida. Si no fuera por ellos yo hoy no estaría hablando aquí, no podría estar contando este testimonio. Mi vida ha sido muy difícil y no hubiera sido posible este cambio. Ahora soy una persona, gracias a Dios y gracias a la Virgen de la Merced”.

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