El coronavirus deja las prisiones sin droga

El precio de la droga se dispara en el mercado negro tras el aislamiento y eleva la tensión entre los reclusos

A veces, las buenas noticias provocan consecuencias negativas. Eso es lo que comienza a ocurrir en las prisiones españolas, donde la tensión entre los internos es cada día mayor, aunque la situación sigue bajo control. En contra de lo que algunos pudieran pensar, esa mayor irascibilidad no se debe a que la población penitenciaria esté en contra de las medidas que se han tomado para protegerla, sino a que las mismas provocan problemas en las comunicaciones con sus familias, que ya solo pueden ser telefónicas; en el ingreso de los peculios -dinero que se ingresa en unas «cuentas corrientes» carcelarias a su nombre para que puedan hacer compras, como café y tabaco- y, también, en la posibilidad de acceder a drogas ilegales, que a pesar de la ejemplar lucha de los funcionarios por acabar con ese trapicheo dentro de los centros es una realidad.

La causa última de la disminución brusca en la cantidad de droga dentro de las prisiones ha sido la decisión de Instituciones Penitenciarias de suspender, mientras dure la alarma sanitaria, las visitas de familiares y amigos (incluidos los encuentros con contacto físico o vis a vis) a los reclusos, además de los permisos de salida que disfrutan algunos internos. Ambas son consideradas las principales vías de entrada de estupefaciente dentro de las prisiones. Como consecuencia de ello, la bellota de hachís, que antes costaba una media de 100 euros, ha pasado a pagarse a 150 euros o más en algunas cárceles, según trabajadores penitenciarios han asegurado al diario El País. Lo mismo ha ocurrido con el pollo (gramo) de cocaína, que de 60 euros ha subido hasta los 90 e, incluso, los 100 euros.

El corte radical de entrada de drogas en prisión, una noticia sin duda positiva pero que también tiene consecuencias en la convivencia entre internos. El tráfico y consumo de estupefacientes intramuros es una realidad incuestionable -solo el año pasado al menos murieron 53 internos por consumo- , y Prisiones lanzó en diciembre una campaña para atajar el problema.

Consecuencias

Otra de las consecuencias de ese «cerrojazo» en las prisiones, que incluye a miembros de ONG y otros grupos que realizan actividades dentro de las cárceles, ha sido la reducción al mínimo de lo que técnicamente se conoce como «activdad tratamental»; es decir, la participación de los presos en talleres, programas o actividades educativas, que además de lo que suponen de ayuda a su proceso de reinserción sirven también para que estén ocupados y lejos de esas horas muertas de patio, con absoluta inactividad, que son perfecto caldo de cultivo para conflictos.

En los incidentes entre presos por la disminución de la droga y su encarecimiento también ha contribuido la falta de dinero que han empezado a sufrir algunos presos a consecuencia de las medidas para frenar el coronavirus. A pesar de que se puede hacer por transferencia o giro, muchas familias aprovechaban sus visitas a las prisiones, ahora suspendidas, para ingresar dinero en las cuentas de peculio de los presos. Este es un depósito monetario con restricciones con el que los internos hacen frente mediante una tarjeta a gastos como la compra de productos en el economato o las llamadas telefónicas, pero también para trapichear con ellas a cambo de productos ilegales. Ahora esos ingresos no se están haciendo y las deudas entre presos, principal causa de conflicto, se están incrementando.

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