Capítulo 6 de «Temps Mort»: Carme Forcadell, política interna en Wad-Ras

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Carme Forcadell no imaginó nunca que acabaría en la prisión. Ahora nos habla desde el centro penitenciario de Wad-Ras, donde pasa las noches después de cumplir la cuarta parte de la condena de 11 años y medio que le impuso el Tribunal Supremo. En una conversación íntima con Núria Ortín, la expresidenta del Parlamento de Cataluña explica cómo es su día a día, qué relación tiene con las compañeras internas y qué carencias ha detectado en el mundo penitenciario, un sistema que define como cerrado y desconocido para la mayoría.

[Artículo de Temps Mort, Catalunya Ràdio]

Carme Forcadell: «Nadie sabe qué pasa dentro de una prisión»

La expresidenta del Parlamento explica las carencias del mundo penitenciario, un sistema que define como cerrado y desconocido

Carme Forcadell no imaginó nunca que acabaría en la prisión. En el nuevo capítulo del podcast «Temps mort» de Catalunya Ràdio, la expresidenta del Parlamento ahora nos habla desde el centro penitenciario de Wad-Ras, donde pasa las noches después de haber cumplido una cuarta parte de la condena de 11 años y medio que le impuso el Tribunal Supremo.

Hasta el 2018, nunca había pisado una celda y no sabía qué significaba estar privada de libertad. Entre muros ha conocido una realidad que a menudo se menciona en los discursos políticos que se oyen en el mismo Parlamento del cual ella era la presidenta.

«La prisión es el único sistema cerrado del cual no puedes saber qué pasa dentro. Todos sabemos que existe la exclusión social, pero aquí lo he vivido directamente porque las mujeres con quienes convivo la sufren«.

Pasa las noches en Wad-Ras, el único centro penitenciario de Cataluña ubicado en un casco urbano. La mayoría de prisiones en el país están situadas en las afueras de las ciudades, lejos de cualquier mirada. Los kilómetros de separación se transforman en distancia social. Solo aquellas personas que trabajan o tienen algún ser querido entre barrotes saben como funciona el mundo penitenciario. «Nadie comprueba si es un sistema válido», dice Forcadell.

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El cierre

Cuando habla de las compañeras comenta que «muchas mujeres encarceladas también han estado víctimas». Justicia calcula que más del 70% de la población reclusa femenina está involucrada en delitos económicos y de tráfico de drogas, y que la mayoría provienen de un contexto de exclusión social. La carga de desventajas culturales, educativas, laborales y económicas incentivan la decisión de buscarse la vida con medios ilegales.

«En algo hemos fallado como sociedad si una mujer dice que prefiere más perder aquello más preciado, que es la libertad, porque tiene una vida mejor en la prisión«.

La Constitución española deja claro que la privación de libertad está orientada a la reinserción social, pero Forcadell remarca la importancia de generar oportunidades antes, durante y después de la condena:

«En la prisión no decides nada porque todo lo hacen otras por tí. Algunas internas hace muchos años que no toman ninguna decisión«.

Las personas reclusas experimentan el aislamiento del exterior, pero también conviven con horarios estrictos y normas rígidas que dificultan el desarrollo de la autonomía personal.

Servicios Penitenciarios admite que la prisión es una institución que tiende a despersonalizar, fomentar la dependencia y disminuir el nivel de autoestima.

La libertad

El tercer grado permite a Carme Forcadell reencontrarse con los nietos, la madre y su entorno próximo. Como cualquier presa, el tiempo entre rejas le pasa lento y cuenta las horas para ver a la familia y sentirse libre de hacer lo que quiera, pero la experiencia no es igual para todo el mundo.

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«La libertad ha pasado de ser un concepto filosófico a ser palpable«.

El estudio «Mujeres y prisión» cuestiona el modelo de rehabilitación de las prisiones catalanas porque devuelve la persona a la situación anterior y procura rehabilitarla solo por el delito cometido, sin tener en cuenta el contexto del cual proviene. Fuera no habrá cambiado nada. Solo habrá un factor nuevo: el estigma social.

Entidades como el colectivo Cassandra, formado por ex-reclusas, dicen que la prisión castiga doblemente la población femenina por los delitos cometidos y por haber fallado como madres, esposas y mujeres.

El sistema falla

Forcadell valora la implicación del funcionariado y las personas voluntarias:

«En Wad-Ras hagamos muchas actividades y el hecho de estar en el centro de Barcelona facilita que venga más gente«.

La vuelta de alguien a la libertad después de cometer un delito tendría que ser de interés general. Pero además de la participación comunitaria, la expresidenta hace hincapié en las carencias estructurales que ha detectado al sistema penitenciario.

«Muchas personas conocen el abogado de oficio 30 minutos antes del juicio y esto no garantiza el derecho a una buena defensa«.

Reivindica la reforma de la prisión preventiva y recuerda que en ningún país de Europa puedes estar tantos años cerrada sin una sentencia que te declare culpable.
Carme Forcadell habla en el podcast «Temps mort» de su experiencia personal y del impacto psicológico que ha tenido en ella el encarcelamiento, pero saca una conclusión útil de la experiencia.

«Si nuestra estancia sirve para hacer una institución más abierta, porque la gente se interese y porque estas chicas puedan tener más oportunidades, creo que habrá merecido la pena«.

Su perfil público ha generado eco en los medios de comunicación y los focos se han dirigido hacia las prisiones.

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