Capítulo 9 de «Temps Mort»: «Marta Moreno, el trabajo social en la prisión»

 

Marta Moreno pasa los días entre niños y madres. Es trabajadora social en la prisión de Wad-Ras y habla con devoción sobre su trabajo. Se dedica a acompañar las mujeres privadas de libertad, especialmente, aquellas que conviven con los hijos en el centro penitenciario. Las escucha, habla con ellas, las comprende y las ayuda. ¿Qué dificultades encuentra por el camino? Nos lo explica en un nuevo capítulo de «Temps mort»

(Artículo de Temps Mort)

Madres encarceladas y separadas de los hijos: «El cuerpo lo aguanta todo pero el corazón, no»

 

Las mujeres sufren un doble castigo, la condena penal y la discriminación social para romper con los roles de género aceptados

 

Marta Moreno dice que en la prisión las emociones se viven en estado puro y que las personas solo aguantan un tiempo la fachada de dureza que se obligan a mantener para no deshacerse. Es trabajadora social en la prisión de mujeres de Wad-Ras, y antes, lo había estado en el centro de hombres de la Modelo.

Se dedica a acompañar las personas privadas de libertad en un complicado camino de crecimiento personal que, según describe, es más solitario para la población carcelaria femenina que para la masculina. La sociedad las rechaza por delincuentes, pero también por haber fallado como mujeres.

Moreno pasa buena parte de su jornada laboral al Departamento de Madres del centro penitenciario, donde se cruza con internas y con las criaturas, que pueden convivir con la madre a la celda hasta los 3 años de vida.

En el último podcast de «Temps mort», en Catalunya Ràdio, habla de la alegría que aportan los niños, pero también sobre la carga emocional que comporta la maternidad entre rejas.

«La emocionalidad es aquello que más impacta cuando trabajas con mujeres porque la mayoría están muy preocupadas por los hijos que han dejado fuera, por si conviven con familiares o han acabado en un centro de acogida«

 

A menudo son las únicas responsables de la cura de los menores. Investigaciones como «Maternidad encarcelada», de Paola Contreras, indican que la separación y la ausencia de vínculo con los hijos es la principal fuente de dolor entre las internas.

Relacionan el sufrimiento con sentimientos como el fracaso y la culpa por no cumplir con los estereotipos de género establecidos: ser una «buena madre» implica disponibilidad completa y absoluta, cosa difícil de conseguir desde la celda. A la condena penal se le suma la exclusión social.

Capítulo 9 de «Temps Mort»: «Marta Moreno, el trabajo social en la prisión»

Ilustración de Agustina Albiac para el programa «Temps Mort» de Catalunya Ràdio (CCMA)

La herida sentimental se hace más dolorosa en el caso de las extranjeras, según Moreno.

«Es una desconexión total del mundo real y un corte en la vida de las personas«

Justícia calcula que el 40% de las internas provienen de territorios no comunitarios. La mayoría cumple condena lejos de casa por tráfico de drogas, un delito que suelen cometer en busca de ingresos económicos con los cuales mantener la familia. «Todas las mujeres llevan una mochila enorme», recuerda Moreno.

Después de más de 20 años de profesión, la trabajadora social ha detectado otra diferencia significativa entre la prisión masculina y la femenina:

«Los hombres casi siempre tienen el apoyo de una mujer detrás cuando están encarcelados, y muchas consideran que la condena es injusta y hace desaparecer el principal apoyo económico de la casa, cosa que es mentira, porque a menudo son ellas las únicas que trabajan«

El Centro de Estudios Jurídicos de la Generalitat de Catalunya apunta en una investigación sobre familias y la reinserción que, en el caso de los hombres en situación de privación de libertad, la figura en lo referente al exterior suele ser la madre o la pareja. Cargan con todo. Desde las visitas y las llamadas hasta la compra de productos para ellos, el trabajo remunerado y el doméstico, y la atención de menores y personas dependientes.

En la mayoría de las ocasiones, están solas o piden ayuda a otras mujeres, y lo hacen con cierto sentimiento de responsabilidad por lo que les ha pasado a sus familiares. Sea dentro o fuera de los muros, ellas se encargan de las curas, asegura Moreno:

«En la prisión, muchas han sobrevivido porque el cuerpo lo aguanta todo, pero el corazón y la mente sienten dolor«

Con el resto del equipo se dedica a acompañarlas durante el tiempo que se encuentran encerradas. «Cada persona tiene su proceso y los profesionales tenemos que estar siempre disponibles para escucharlas, así es como conseguimos generar un vínculo», dice la trabajadora social.

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