De la celda al cajero: «Salí de la cárcel y me derrumbé al verme durmiendo en la calle»

La Fundación Obra Mercedaria ofrece alojamiento a media docena de hombres que, tras cumplir condena, no tienen adónde ir

 

[Artículo extraído en su totalidad del diario El Periódico, por Elisenda Colell]

 

Hace ya cuatro meses que M. levantó sus dos bolsas llenas de ropa, miró al cielo, esbozó una sonrisa de oreja a oreja y salió de la cárcel de Quatre Camins (La Roca del Vallès) tras cuatro años de encierro por acumulación de robos. «¡Por fin libre! Pensaba en ir a una pensión, buscarme un trabajillo por Mercabarna y, esta vez sí, empezar de nuevo».

En la cárcel logró apartarse de las drogas y estaba convencido de que se iba a alejar de la mala vida. Pero aquella sonrisa se borró a las pocas horas de regresar a Barcelona. «Me vi en la calle… me desmoroné. Me cayó la moral al suelo». Pasó dos meses durmiendo en la calle. La suerte, dice él, le llevó al hogar La Mercè, un espacio de la Fundación Obra Mercedaria donde viven cinco hombres más en una situación similar. «Nos faltan muchos medios, no podemos atender a todas las personas que nos necesitan. Y sin una vivienda es imposible empezar una nueva vida», insiste la directora de la entidad, Núria Ortín.

M. tiene 54 años y arrastra un historial de robos para poder pincharse heroína y esnifar cocaína que le ha llevado a la cárcel en tres ocasiones. «Esta última vez me dije; ya basta, quiero empezar de nuevo», reconoce. Antes de salir de prisión decidió que se instalaría en una pensión del barrio del Raval y buscaría un trabajo. «Tenía la ilusión de operarme los dientes», explica. La poca dentadura que le queda sigue hoy desencajada. Esconde la mirada en sus gafas, y con la mano se peina los pocos pelos que conserva, recogidos en una coleta. Sus sueños se truncaron.

«De la cárcel hay que salir con un apoyo… y yo no tuve de ningún tipo», reflexiona. Llegó a Barcelona en tren y se dirigió hasta la pensión que tenía pensado instalarse. «Estaba cerrada». Luego, picó a la puerta de varias entidades sociales y albergues para personas sin hogar. «Estaba todo lleno, había lista de espera». Logró que una vecina le guardara sus bolsas en casa. «No me pasaba por la cabeza que estaría en la calle».

En la calle para no volver atrás

Aún se acuerda de aquella primera noche. «Me metí en un bar hasta que cerró, pero al salir pillé una bronquitis», cuenta. «Me desmoroné, me cayó la moral al suelo. Yo estaba haciendo un esfuerzo para no meterme en problemas. Podía ocupar, robar, pelear… pero no quería, no quiero volver a pisar la cárcel», insiste. Aquellos meses de frío y miedo le hicieron volver a los infiernos. «Claro que consumí… porque no quería pensar».

Él dice que tuvo un poco de suerte. A través de un conocido de la prisión, apareció una mujer, Àngels, que le salvó. Llamó a los servicios sociales del Departamento de Justicia y este marzo logró una plaza en la Llar La Mercè, en Sant Feliu de Llobregat, de la Fundación Obra Mercedaria. «Aquí estoy tranquilo, puedo pensar y me ayudan mucho», agradece.

Permiso para ir al baño

Allí viven cinco hombres más como él. No pueden tomar drogas y deben colaborar y respetar los horarios. A cambio, reciben apoyo para trámites burocráticos, les ayudan a buscar trabajo y también soporte emocional.

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Taller de rosas de Sant Jordi en uno de los hogares de acogida de la Fundación Obra Mercedaria para presos que han cumplido su condena (Llar la Mercè)

«El cambio de chip de la cárcel no es fácil. Muchos te piden permiso para ir al baño, te hablan de ‘Don’… y no saben cosas básicas de internet, de citas previas o de cómo usar el móvil», cuenta Pep Roma, educador del centro. Caben 12 más, pero, a falta de financiación, la entidad no puede alojar a todos los que lo necesitan.

Otro de los usuarios es Alphonse Daudet. Lleva dos años en este recurso, después de una condena por revelación de secretos que lo encerró en prisión durante dos años. De su historia en la cárcel, de su detención o de su llegada a España, se podría escribir un libro. Es un joven camerunés que, tras cruzar el desierto del Sahel y el Mediterráneo en patera, fue acusado de violencia de género, pero finalmente solo se le condenó por grabar un vídeo negando una violación que sumó 20 millones de reproducciones. «Cuando no tienes papeles todos se aprovechan de ti», resume él. Le detuvieron en Granada cuando se iba a empadronar y ha estado en tres cárceles distintas. Las dos últimas, en Zaragoza.

Una visita en dos años

No pudo disfrutar de ningún permiso penitenciario porque no tenía lugar al que ir. «La soledad la pasé con el deporte», confiesa. Cuando se acercó su libertad, el nerviosismo se apoderó de él. «Pregunté por la cárcel: algunos me decían que ocupara un piso, otros que les cuidara sus casas… Hay quien vuelve a delinquir para volver a entrar, al menos te dan techo y comida».

Escribió cartas a todas las entidades sociales que pudo. «No me decían nada y ya lo daba por perdido», cuenta. El director de la prisión tampoco le dejó hablar con su familia en Camerún. «Se pensaban que estaba muerto». Hasta que un día recibió una visita. «Yo pensé que era broma de mal gusto ¡En dos años no me había venido a ver nadie!», exclama.

Era un religioso mercedario de la Orden de la Merced vinculada a la Fundación, que le facilitó un alojamiento al salir de la cárcel. «Pedí ir a Catalunya. Me esperé dos semanas porque no había plazas y luego conseguí entrar». Ahora busca trabajo. «Pero nadie me quiere hacer contrato y a los pocos meses me despiden», lamenta. De momento, se encarga de cocinar la sagrada forma que se toma en la misa. «Yo no creo en la religión, pero sí en Dios. La gente flipa que yo haga las formas, pero bueno, me hace muy feliz y le pongo todo mi amor. A veces, si lo intentas, las cosas salen bien», agradece.

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Alphonse Daudet elaborando las formas en el taller

Este artículo pertenece a un reportaje llamado «El reto de la reinserción», que contenía dos artículos que salieron en El Periódico. Uno de ellos es este, que es el que habla sobre nuestro hogar de acogida de Sant Feliu y donde entrevistaron a dos usuarios residentes.

Aquí podéis encontrar más información sobre el reportaje.

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