Fr. Javier Palomares: «Las cárceles panameñas son un embudo, se entra pero no se sale»

Fr. Francisco Palomares, mercedario y Secretario Ejecutivo de la Pastoral Penitenciaria, ha vivido muy de cerca todos estos años con los privados de libertad. Después de que se declarara la pandemia, el trabajo de la pastoral ha cambiado bastante. Nos cuenta todos los cambios y esta nueva realidad en esta entrevista concedida a FETV 05, un canal de televisión panameño que busca impulsar los valores y evangelizar a través de la pantalla.

¿Cuál es la realidad de los centros penitenciarios panameños dentro del marco de la pandemia y cómo se realiza el acompañamiento?

Primero de todo quiero dar las gracias por dejarme dar voz a tantas personas que en estos momentos es difícil escucharles, básicamente por su situación de privación de libertad, y sobre todo quiero agradecer a nuestro arzobispo, Monseñor José Domingo Ulloa, por todo su apoyo,  ya que siempre ha estado pendiente de este colectivo, de estas personas, de estos hermanos y siempre nos ha apoyado, no solamente en palabras o en homilías que nos menciona, sino también con su presencia física en medio de los penales de Panamá.

¿Cuál es el papel de la Pastoral Penitenciaria?

Lo que podemos decir es que la Iglesia Católica siempre ha acompañado a los privados de libertad. Podríamos hacer un recorrido histórico desde el acompañamiento al propio Jesús, que fue un condenado a muerte, hasta nuestros días. Nosotros seguimos con ese carisma de la iglesia universal con el acento mercedario que podemos aportar atendiendo a todos los penales de nuestra República de Panamá; los 18 centros de mayores y también los centros de custodia y cumplimiento de menores.

¿Se ha podido atender a los centros penitenciarios durante la pandemia?

Nuestra presencia hasta la pandemia ha sido diaria en los centros más importantes, como son las tres cárceles: La Joya, La Joyita y Nueva Joya, y también el Centro Femenino. Los demás penales del país son visitados dos o tres veces a la semana, y el que menos una vez a la semana. La Iglesia ha estado presente hasta la llegada de la pandemia. Ahora en este momento no se permite la entrada a los centros penitenciarios, pero apoyamos desde fuera y colaboramos con la institución penitenciaria, con la dirección general y con el MINGOB (Ministerio de Gobierno), que es a quien están encargadas las cárceles de Panamá.

¿Cuáles son las principales necesidades que ha detectado que tienen los privados de libertad en este momento?

El principal problema que tienen las cárceles de panamá es el hacinamiento. Estamos hablando de una pandemia que se transmite por cercanía y en celdas abarrotadas es imposible. Hay un embudo en nuestras cárceles, los presos entran y no salen, y ese es el gran problema que tenemos en el país.

Se ha detenido el proceso de liberar a gente.

Sí, la Iglesia a través del arzobispo de Panamá, Monseñor José Domingo Ulloa, escribió al presidente de la república invitándole a que se procediese a la liberación y excarcelación de los privados de libertad. La realidad es que muchos de ellos hoy día ya han pasado las dos terceras partes de su condena, han demostrado una buena conducta, están trabajando y haciendo programas dentro de la cárcel. Yo no sé qué hacen aún dentro, ya que por ley y por lo que dice la constitución panameña podrían liberar tranquilamente a más de 3.ooo internos que cumplen ya con esas condiciones.

¿Existe mucho riesgo de reincidencia?

Después de la experiencia de pasar por la cárcel uno sale más fortalecido humanamente, más preparado, sobre todo en la fe, que es el ámbito que nosotros más tocamos y vemos. Algunos casos pueden salir y volver a delinquir, pero yo creo que la mayoría de los panameños salen escarmentados y son personas que ya no quieren volver a las cárceles. Cuando salen se ponen en contacto con nosotros, nos hablan, y nos dicen cómo lo están haciendo para sobrevivir, para seguir adelante, cómo están cuidando a su familia, cómo tiran adelante a sus hijos y eso es en lo que tenemos que creer y confiar. La Iglesia siempre ha confiado en esas personas después de ese proceso de privación de libertad.

¿Cómo se puede ayudar a la Pastoral Penitenciaria para que la mejora en las cárceles sea posible?

No estamos hablando de hacer una inversión de millones de dólares. Son cosas tan sencillas como asegurar el suministro de agua potable diario. Muchos días en esos centros penitenciarios solo beben agua llena de arena.  Otra medida sería dar desayuno, almuerzo y cena a la hora que toca, los horarios son un desastre. También haciendo la prueba del Covid-19 a todos los profesionales que acceden a los centros. Otro de los puntos es potenciar las actividades que se hacían antes. El coronavirus va a estar, y no podemos vivir aislados. Están encerrando a los presos en sus celdas y de allí no salen. Haciendo esta práctica, los presos se están contagiando aún más teniendo en cuenta la gran cantidad de personas que hay en cada celda.

Aquí pudes ver la entrevista completa a partir del minuto 16:45

 

 

 

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