P. Abel Pérez «Quiero dar las gracias a los padrinos por la ayuda a 94 niños en Guatemala»

Guatemala ha experimentado estabilidad económica que puede ser atribuida a una combinación de gestión fiscal prudente, políticas para el control de la inflación y un tipo de cambio flotante administrado. Según datos del Banco Mundial, el país ha tenido un desempeño económico sólido en años recientes, con un crecimiento del PIB de 3.1 por ciento en 2016, 2.8 por ciento en 2017 y 3.1 por ciento en 2018. Además, la economí creció alrededor de un 3.3 por ciento en 2019 y se espera que lo haga un 2.8 por ciento durante este 2.020.

Sin embargo,  la estabilidad económica de Guatemala no se ha traducido en una aceleración del crecimiento que permita cerrar la brecha de ingresos con países ricos. De hecho, las tasas de pobreza y desigualdad en el país son persistentemente altas, y los altos índices de retraso en el crecimiento infantil amenazan la capacidad de Guatemala para alcanzar su pleno potencial de desarrollo.

«Quiero aprovechar la oportunidad para agradecerles infinitamente a los padrinos por la ayuda para 94 niños. Ya sabemos que en Guatemala vivimos una situación de pobreza, de delincuencia, de muchas cosas más. Esta ayuda hace que nosotros, de uno u otra manera, podamos combatir la pobreza y la delincuencia preparando a los niños desde su juventud. Queremos que tengan estudios y puedan ser mejores personas, que mejoren su vida social, académica, económica y sobretodo que hagan un aporte a la sociedad», remarca Abel Pérez, mercedario y formador en el seminario de Guatemala.

Dos guatemalas

La pobreza, medida en la línea de un ingreso de US$5.5 por persona por día, aumentó entre 2006 y 2014 de 43.4 por ciento a 48.8 por ciento, lo que sumó a casi 2 millones de personas a la pobreza. La pobreza extrema (ingreso menor a US$1.9 por persona por día) afectó al 8.7 por ciento de la población en 2014, casi medio millón de personas más que en 2000. Dada la lenta reducción en la tasa de pobreza, se proyecta el número de personas que viven en pobreza aumente en más de 175,000 entre 2019 y 2021.

Las desigualdades persisten en las áreas geográficas y entre grupos étnicos, y los pueblos indígenas continúan particularmente en desventaja, algo que el censo de 2018 volvió a confirmar. En esencia, hay “dos Guatemalas”, una con buena posición económica y una pobre, una urbana y otra rural, una ladina y otra indígena con grandes brechas sociales y económicas. Estas diferencias se ven agravadas por la alta vulnerabilidad del país al cambio climático, que afecta la desnutrición, la salud, la seguridad alimentaria, los recursos hídricos y los ecosistemas naturales.

Inversión pública

Acelerar el crecimiento será crucial para lograr los objetivos sociales a mediano y largo plazo del país. Si bien las reformas de políticas en favor de los pobres podrían generar mejoras marginales, se necesita un cambio en el crecimiento económico. Impulsar ese crecimiento dependerá de reformas continuas para movilizar una mayor inversión privada y generar más ingresos para financiar importantes inversiones en infraestructura y capital humano.

La inversión pública es esencial para alcanzar los objetivos de desarrollo de Guatemala, pero sigue estando limitada debido a la falta de recursos. Dado que los ingresos del gobierno central promediaron un 11 por ciento del PIB en los últimos tres años, y se estima que será del 9.7 por ciento en 2019, el principal desafío fiscal de Guatemala es la necesidad de recaudar ingresos adicionales para financiar proyectos clave de inversión pública.

Grandes desafíos

Otros desafíos cada vez más importantes para Guatemala son fortalecer la gobernanza, aumentar la rendición de cuentas y la participación ciudadana y mejorar los niveles de seguridad pública. Los altos niveles de delincuencia y violencia representan enormes costos humanos y económicos para el país

 

 

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