¿Qué libro le regalarías a una mujer en prisión?

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La octava convocatoria de ‘A las Olvidadas’ anima a enviar títulos a las mujeres encarceladas, visibilizando así la desigualdad de sus condiciones en el sistema penitenciario y reflexionando con una dedicatoria sobre su realidad

María Rufilanchas impulsó en 2018 la iniciativa «A las olvidadas», un proyecto de recogida de libros dedicados para regalar a las mujeres reclusas de las diferentes cárceles españolas. La idea nació del ingenio de Teta & Teta, una asociación sin ánimo de lucro encargada de reivindicar la libertad femenina a través del activismo y la creatividad.

La primera vez que Teta&Teta llevó libros a una cárcel, las mujeres se sintieron tan especiales, protagonistas y únicas que la organización no dudó en repetir aquel primer encuentro de 2018 en Soto del Real. Fueron 680 libros que lo cambiaron todo: «No solo les llevamos material de lectura, sino el cariño y la empatía de la gente para que sepan que no están solas», explica María.

En España hay diez comunidades autónomas con prisiones que no admiten mujeres, lo que supone que muchas tengan que cumplir condena lejos de su lugar de origen o residencia habitual. Son datos de Acope y reflejan a la perfección la punta del iceberg de la desigualdad entre hombres y mujeres en el sistema penitenciario español. Las mujeres son solo el 7,6% de la población reclusa, por lo que todo en las cárceles está pensado para hombres: de hecho, de las 69 prisiones que hay en España, solo cuatro son específicas para mujeres. Están en Alcalá Meco (Madrid), en Alcalá de Guadaira (Sevilla), Brieva (Ávila) y Wad-Ras (Barcelona).

“La cárcel está pensada por y para hombres y eso es algo que queda patente no solo en su funcionamiento estructural, sino también, incluso, en su arquitectura, sus necesidades están mucho más invisibilizadas y abandonadas institucional y socialmente”, denuncian desde C.A.M.P.A (Colectivo de Apoyo a Mujeres Presas en Aragón).

Además, advierten, las dificultades para romper ese aislamiento llegan incluso a algo tan inofensivo a priori como los libros. “No es fácil meter libros dentro de prisión y menos meter grandes cantidades, únicamente dejan entrar por goteo libros registrados con ISBN, con código oficial, no alternativos. Fanzines, por ejemplo, no dejan entrar”, aseguran.

A las olvidadas

Con esa realidad nace la iniciativa ‘A las olvidadas’, que pretende romper esas barreras y esa invisibilidad mandando libros a las mujeres presas. Este mes de febrero cerrarán su octava convocatoria, enviando libros a las reclusas de Alicante Cumplimiento (en Alicante). “El objetivo ahora es llevar libros dedicados a todas las cárceles y módulos de mujeres de España que podamos.

A las olvidadas se ha convertido en un ejercicio de participación afectiva entre una mujer privada de libertad y quien, a través de la dedicatoria de un libro, se acerca a ella y sus circunstancias por primera vez: «Porque, ¿quién es esta mujer?, ¿y qué ha hecho?, este tipo de pregunta crea un vínculo muy fuerte con ellas», aclara María.  Hasta el momento ya han acudido a cuatro módulos de mujeres en cárceles de hombres (Soto del Real, Estremera, León, Córdoba y Granada), a una unidad de madres en cárcel de hombres en Aranjuez y a la cárcel de mujeres de Alcalá Meco. La iniciativa ha tenido tan buena acogida que se está replicando en Francia y en México.

Una triple condena

El logro de A las olvidadas prueba que el problema de las mujeres reclusas es universal y que las circunstancias políticas y sociales convierten la pena dictada en una pena mayor, cargada de cuestionamientos personales y sociales: «Las mujeres sufren una triple condena: penal, social y personal», explica María. «Su castigo es por el delito, pero además sufren un castigo personal; a menudo se culpabilizan por estar en la cárcel y haber abandonado, en algunos casos, su papel como madre.»

Además de enviar el libro, la iniciativa ‘A las olvidadas’ pide a las donantes que les dediquen unas palabras a las futuras lectoras, un detalle importante para las presas. “Las dedicatorias son el lado más emocional de la iniciativa, el simple hecho de pararse a pensar qué le digo a esta mujer y de ponerse en sus rejas es, a mi juicio, lo que nos crea un vínculo con las reclusas”, comenta la impulsora del proyecto.

Lo más bonito de la iniciativa es eso: que además de entretener, que te saque de esa vida en la cárcel que transmita un mensaje de optimismo y fe a todas esas mujeres que lo están pasando mal”.

 

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