«Temps Mort» -Jóvenes- Capítulo 5: Habib: «En la prisión, no te sientes ni un animal, porque ellos son libres y tú no»

Habib Abdel Wadoud tiene claro cómo quiere salir del centro penitenciario: con un trabajo y con el perdón de la víctima. Ha iniciado un proceso de justicia restaurativa. El primer paso ha estado reconocer el mal que ha hecho. El segundo, sanarse. Ha dejado la droga y ha empezado una terapia psicológica y psiquiátrica que le permite soportar el impacto del encarcelamiento. Asimilar aquello que has hecho y poner remedio es un camino complicado. Según la ONU, la salud mental en las prisiones de Europa es la gran asignatura pendiente.

Audio/Entrevista ⇒

(Artículo de Temps Mort)

 

Crecen los trastornos mentales entre los jóvenes encarcelados

 

El suicidio es la primera causa de muerte entre la población penitenciaria europea, pero los recursos para la atención psiquiátrica son escasos

 

«Hay personas que no salen bien de la prisión», sentencia Habib Abdel Wadoud. Dice que a él le pasó al entrar, que casi pierde la cabeza: «Aquí no te sientes ni un animal, porque ellos son libres y tú no«. Hace dos años que está en el Centro Penitenciario de Jóvenes de Cataluña.

Le queda una larga condena delante y unas cuántas sesiones de terapia. Si su salud mental no era muy estable antes del ingreso, una vez dentro, se desbordó.

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La Organización Mundial de la Salud (OMS) alerta que la salud mental es la gran asignatura pendiente en las prisiones europeas. Hay muchos problemas y pocos recursos para tratarlos. El panorama se agrava en el caso de la juventud, un colectivo especialmente vulnerable a los trastornos.

La ansiedad es el problema de bienestar emocional más importante entre la población joven. Lo recoge un informe del Consejo Nacional de la Juventud en Cataluña y Salud Mental Cataluña.
El estudio concluye que aquellos con dificultades económicas y que, además, pertenecen a colectivos vulnerables que son mucho más propensos a tener angustia, depresión o problemas mentales graves.

Abdel tenía poco más de 20 años, vivía en la calle, sin dinero, sin permisos de residencia o trabajo y con una relación cada vez más estrecha con las drogas y la delincuencia. Una combinación perfecta por no vivir en paz.

Está condenado a ocho años de internamiento. «Por fuera ríes, pero por dentro estás muy mal», explica durante la entrevista al podcast «Temps mort». Asimilar el dolor provocado, el cierre o la separación de la familia son aspectos que tuvieron un impacto negativo en su equilibrio mental.

Inició un tratamiento psiquiátrico con terapia y fármacos para estabilizarse y ahora se encuentra mejor. A pesar de que la especialidad de psiquiatría es la más pedida por los internos en España, los medios para atenderlos son insuficientes. La OMS calcula que solo hay un profesional por cada 5.000 reclusos en el estado español.

El suicidio

«Nunca he pensado en hacerme daño a mí mismo», expresa Abdel. La misma OMS apunta que el suicidio es la primera causa de muerte no natural entre la población penitenciaria europea. El riesgo de poner fin a la propia vida es siete veces superior dentro de un módulo que entre la población general.

A diferencia otros territorios de Europa, Cataluña cuenta con profesionales especializados y protocolos de prevención y actuación en cada centro, pero la demanda de ayuda es mucho más alta que los recursos disponibles. La problemática se agrava en el caso de la gente joven.

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El INE indica que el suicidio también es la primera causa de muerte externa entre la juventud catalana.

El privilegio del tratamiento

Abdel dice que no le asusta salir en libertad, pero lo preocupa pensar qué hará cuando esté en la calle. La Fundación Justicia y Paz señala que los riesgos para la salud mental pueden aumentar con la liberación. Para los internos jóvenes y migrados como él, algunas problemáticas sociales persistirán una vez se acabe el internamiento.

La exclusión social extrema se agrava con factores como la dificultad para empadronarse, las complicaciones para conseguir una casa y trabajo, la inestabilidad económica, el estigma social o el racismo. Estas circunstancias repercuten en la salud mental y favorecen la reincidencia delictiva.

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Además, la vuelta a la libertad puede suponer el fin del tratamiento psiquiátrico para muchos. La saturación de los recursos públicos hace del acceso a la salud mental un privilegio. Muchos jóvenes optan por los servicios privados cuando tienen una urgencia psiquiátrica, situación que deja fuera de juego a quien no dispone de recursos económicos, como es el caso de la mayoría de las personas que han pasado por el sistema penitenciario.

Justicia y Paz menciona en el estudio la importancia de las entidades sociales que proporcionan una acogida y el mantenimiento de la atención médica y terapéutica una vez los jóvenes acaban la condena.

Abdel mira con optimismo hacia el futuro. Ha dejado las drogas, ha iniciado el procedimiento para pedir perdón a la víctima, y la terapia la ayuda a superar el día a día. Y recuerda: «Soy culpable de aquello que hice, pero puedo cambiar mi vida».

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